8 hombres en la RAAM: un desafío en el que todos ganan

8 hombres en la RAAM: un desafío en el que todos ganan

8 hombres en la RAAM: un desafío en el que todos ganan

 

Motivaciones, entrenamiento, dificultad e importancia de los detalles en el ultraciclismo. Sobre este y otros temas hemos hablado con Kurt Broadhag, entrenador personal de profesión y «ciclista loco» por pasión, ya vencedor de la Race Across America en 2016 con su «4 men team» y que está a punto de participar en su cuarta aventura en la agotadora carrera americana de costa a costa. Todo ello con un enfoque particular en la solidaridad.

 

Kurt, en resumen, ¿quién eres y qué haces en la vida?

No me gusta encasillarme en una definición. Soy muchas cosas a la vez, diría yo. Ciclista apasionado, escritor, académico y empresario enfocado en el fitness.

También trabajo como consultor personal en el ámbito deportivo y nutricional, incluso para muchas estrellas de cine. Tengo un máster en Medicina Deportiva por la Universidad de California y actualmente trato de dividir mi vida entre las diversas cosas que me gustan: entrenamiento personal, ciclismo competitivo, estudios e investigación en fisiología y nutrición y, por supuesto, pasar tiempo en mi casa de Long Beach con mi esposa y mis dos hijas Kellan y Kyler, de 5 y 22 meses de edad.

 

¿Cómo explicarías la RAAM en pocas palabras a aquellos que no la conocen?

La RAAM es literalmente una carrera a través de América. Especialmente para aquellos que participan solos, se trata de una carrera tanto física como mental: significa pedalear en solitario durante 7-9 días seguidos durmiendo solo unas pocas horas de vez en cuando.

En lo que a mi experiencia se refiere, para competir como equipo se necesita una mezcla perfecta de resistencia y velocidad. Muchos ciclistas quizás tendrían la capacidad de participar, pero ganar es otra historia. Imagínate ir siempre en bicicleta al máximo, en condiciones difíciles, intentando dormir en una autocaravana en movimiento, con el ruido, el calor, etc. Todo esto durante 3000 millas y 53 000 metros de desnivel.

La RAAM garantiza a cada participante una experiencia única, que la gran mayoría de los ciclistas nunca podrán vivir.

Todo el mundo tiene que trabajar en estrecha colaboración con los demás miembros del equipo para atravesar el país lo antes posible. Aunque solo los deportistas disfrutan de visibilidad, en realidad toda la tripulación tiene un papel igualmente importante y el éxito depende en gran medida de ellos. Para mí esta es la forma más real de deporte de equipo.

 

¿En cuántas RAAM has participado hasta ahora? ¿Cómo afrontas esta «locura» deportiva?

La edición de 2018 será mi cuarta RAAM. Tras la victoria de 2016 con un equipo de 4, junto con mis tres compañeros Chris DeMarchi, Phil Tinstman y Tony Restuccia, nos tomamos un año de descanso, pero hoy volvemos más grandes y más fuertes para enfrentarnos a un nuevo reto: ganar con un equipo 8-men-team batiendo el récord de la carrera.

Nuestro grupo se llama Team Bemer y a los 4 «veteranos» se les han unido Michael Olheiser, Karl Bordine, Craig Streit y Joshua Stockinger. Además de una colaboración de gran prestigio como la de Selle Italia.

Para mí, el enfoque de este evento es el del sueño hecho realidad.

Antes de lograrlo, durante 8 años Tony y yo hemos deseado más que cualquier otra cosa participar en la RAAM. El principal obstáculo era el coste, estimado en unos 100 000 dólares entre inscripción, vuelos, hotel, coche de apoyo, tripulación, etc…. Un presupuesto desorbitado para nosotros.

Si, por otra parte, hablamos de estrategia de carrera, nuestro enfoque es diferente al de los otros equipos. En la medida de lo posible, queremos cruzar la línea de meta sin pedirle demasiado al físico.

El plan es estar menos en la bici para ir más fuerte. Cada uno debe pedalear la cantidad justa de tiempo, unas 3 horas, para poder alternar el esfuerzo máximo con una recuperación suficiente, garantizando a los 8 el mismo número de horas de descanso, para que el cuerpo pueda mantener un patrón de sueño bastante normal.

 

Después de la victoria de 2016, ¿qué objetivos tienes para este año? ¿Cuál es tu papel en el equipo?

La RAAM es una carrera diferente al resto, y la victoria depende solo de la velocidad media que se pueda mantener. Nosotros podemos sin duda ganar y batir el récord, pero la variable meteorológica es de suma importancia. Sin un poco de ayuda de la naturaleza, todo se vuelve más difícil. Para hacernos una idea, en las dos últimas ediciones hemos tenido que lidiar con temperaturas superiores a 50 °C, fuertes vientos e incluso violentas tormentas.

Mi papel en el grupo es el de una especie de jefe de equipo. Me ocupo de los patrocinadores y de las causas benéficas, luego sigo la logística junto con Tony y algunos miembros del equipo. Desde el punto de vista de la comunicación, tengo la función añadida de mantener el foco de atención en el equipo y los socios, garantizando la máxima exposición mediática.

 

¿Cuáles son las principales dificultades de la ruta y cuáles son las molestias físicas más frecuentes?

Ninguna parte de la ruta es fácil. ¿Un ejemplo? El calor extremo del desierto, el frío y las largas subidas en Colorado, los fuertes vientos de Kansas, las interminables colinas de Missouri, el tiempo horrible a medida que se avanza hacia el este, los duros claros de los Apalaches… Y podría seguir.

En 2016 terminamos la carrera en poco más de 5 días, con unas 2 horas de sueño al día. En un equipo de 4 personas tienes que pedalear 140-150 millas cada día, principalmente sobre una bici de contrarreloj. Y las dificultades a menudo también vienen del equipamiento. Está claro que, por ejemplo, si el sillín no es el ideal, y si no se toman las precauciones adecuadas, entre otros en forma de una crema antifricción, las llagas pueden convertirse en un gran problema.

 

Por lo tanto, el sillín es un elemento clave del rendimiento. ¿Qué características necesita tener para no crear problemas?

La carrera de 2014 fue ejemplar en este sentido. Nos equivocamos de sillín y algunos de nosotros tuvimos llagas tan terribles que sangraban a través de las mallas. Una tortura que sin duda perjudica el desempeño. Luego adoptamos sillines con agujero de descarga y todo fue mucho mejor. Menos fricción, menos presión y más ventilación. Los productos de Selle Italia en este caso van por delante. La calidad del Made in Italy se nota, sin duda. Y además, con su sistema científico de medición, existe la garantía de que se usará el modelo y el tamaño ideal para la propia estructura física.

Estamos tan cómodos con la tecnología Flow, que este año utilizaremos un sillín con agujero tanto en la bici de carretera normal, como en la de contrarreloj. El comodísimo y compacto Novus Boost Superflow para los tramos de subida más exigentes, y el Kronos Kit Carbonio Flow para las largas «tiradas» en la llanura, un sillín más técnico, específico por sus prestaciones contra el tiempo, pero al mismo tiempo muy cómodo. Puesto que la mayoría de las veces mantenemos una posición bastante agresiva, se hace imprescindible no resbalar hacia la parte delantera del sillín, y la superficie antideslizante del Kronos nos permite mantener la posición de asiento correcta mientras empujamos al máximo los pedales.

 

Factor seguridad: aparte del casco, ¿cuál es el aspecto más importante que no debe pasarse nunca por alto?

En lo que respecta a la seguridad, confiamos principalmente en nuestra tripulación: las 24 horas del día siempre tenemos un coche detrás de nosotros que actúa como una barrera para los coches que vienen. Utilizamos una radio de dos vías para comunicarnos con la tripulación y, por supuesto, aportamos toda nuestra experiencia de muchos años conduciendo en el tráfico.

Está claro, la fiabilidad de la bici y la resistencia de cada componente, sillín incluido, marcan la diferencia.

Además de todas las piezas de repuesto necesarias, tenemos también 3 mecánicos en la tripulación capaces de hacer frente a cualquier emergencia.

 

Deporte y solidaridad: la satisfacción de garantizar una ayuda concreta a las personas menos afortunadas a través de la actividad que amas.

Justo eso. Una de las mejores cosas de la RAAM es que casi todos los equipos tienen proyectos  benéficos por los que correr.

Por lo que a mí respecta, siempre intento afrontar la carrera de la manera más «económica» posible, para tener más fondos disponibles para este tipo de obras.

En mi opinión, el deporte es la plataforma perfecta para la solidaridad y la recaudación de fondos: los atletas reciben patrocinios en dinero y productos, que a su vez sirven para promover a los patrocinadores. Entonces, ¿por qué no apoyar un proyecto benéfico de la misma manera? De este modo no solo se obtiene visibilidad para la asociación, sino que también se crea un vínculo directo entre esta y los patrocinadores.

Este año hemos elegido la Fondazione Pablove para la lucha contra el cáncer infantil, una de las áreas de investigación sobre el cáncer con menos fondos.

Creo que para un padre, el mero hecho de pensar en un niño que sufre de cáncer es casi insoportable, así que creo que el trabajo que hace Pablove es fantástico, financiando a jóvenes investigadores en este ámbito con becas específicas.

Ya el año pasado apoyamos la “Pablove Across America”, una carrera benéfica desde Los Ángeles hasta San Francisco, y ahora sería genial conseguir recaudar al menos 50 000 $ para donarlos y financiar completamente una de estas becas.

Nuestra relación con Selle Italia es un ejemplo perfecto de lo que estamos diciendo, que es lo bien que el sistema puede funcionar. Utilizaremos sus sillines en todas nuestras bicicletas, personalizados para la ocasión con el logo del patrocinador y de la organización benéfica. Durante la carrera usaremos nuestra visibilidad para promover ambas alianzas, y una vez que la carrera termine, subastaremos algunas bicicletas para recaudar fondos adicionales.

En la práctica todo esto significa convertir nuestro apadrinamiento en una donación, creando un puente entre Selle Italia, el Team Bemer y todos los jóvenes ayudados por la Fondazione Pablove.

Para mí, esta ya es una gran victoria para todos. Como se dice hoy, un «win win».

 

 

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